lunes, 5 de septiembre de 2011
UNA BUENA ESCAPADA
Nuestra idea al detenernos en Pachacamac fue hacer una breve escala para tomar un muy leve desayuno y continuar con rumbo al puente "Arica", nos sentamos a la mesa, pedimos, trajeron nuestra orden (medio Kilo de chicharrón con sarsa criolla ,café y pan) y empezamos a devorar con avidez, íbamos ya por la mitad del festín cuando llegaron los dos nuevos personajes a los que alude Jaime; también se sentaron con nosotros; conversamos bastante y nos dieron algunos "tips" muy interesantes.
Mientras conversábamos, uno de ellos nos preguntó hacia donde nos dirigíamos, cuál sería nuestra ruta, le dijimos que nuestro objetivo era el puente "Arica" y que desde ahí regresaríamos a Lince, fue entonces cuando, de manera "muy sutil", increpó (casi llamándonos la atención) el hecho que estuviéramos desayunando, nos dijo que el desayuno se hace cuando ya se está de regreso.
Le respondí que sí, que tenía razón y que al regreso tomaríamos desayuno.
Éste amigo tiene una bici realmente espectacular 6 kilos de alta tecnología
y excelente calidad.
Luego de haber desayunado, emprendimos (pedaleando los 6) el regreso desde Pachacamác; íbamos los dos tíos, Jaime, César, Enrique y yo, regresábamos en compacto pelotón con un leve viento cruzado desde adelante y hacia la derecha; veníamos conversando de manera amena y de lo más bien.
Era Jaime quien venía a la cabeza; de cerca (ruedeando) lo seguían los tíos, un poco a la derecha y ligeramente más atrás me encontraba yo, detrás mío venía César y luego Enrique (PPtruenos), regresábamos marcando unos 25 kilómetros por hora y paulatinamente Jaime nos fue haciendo llegar hasta unos 33.
Faltando aproximadamente un kilómetro para el grifo que se encuentra cerca a las garitas del peaje, lugar en el que nuestros ocasionales acompañantes habían dejado su automóvil y, por tanto, se constituía como el punto de llegada para ellos, de la nada, escuchamos un estentóreo grito, luego otro y otro. No era una alerta, era una voz de mando, un desesperado grito conminatorio, pura pasión desenfrenada, el tío de la bici de los 9000 dólares gritaba a su compañero
de ruta:
- ¡Pisa, Pisa, Pisa!-
Su intención se hizo evidente; querían dejarnos atrás.
Nuestra respuesta no se hizo esperar, el primero en acelerar fue Jaime y no el compañero del incitador; salió disparado como alma que lleva el diablo; me pegué a su rueda en el "demarraje" o escapada, César parecía una lapa pegado a mi bici y Pepetruenos, con su tractor... (tiene una bici más pesada que yunque de astillero) encendió el turbo; los 4 salimos como una exhalación (pese a que la ida la habíamos hecho en largos tramos arriba de los 40 Kilómetros por hora y el cansancio ya se dejaba sentir), los tíos no pudieron, simplemente… no pudieron.
A lo lejos alcanzamos a percibir un grito lastimero que se desvanecía en la distancia:
- La cagaste muerto!... la cagaste!...-
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