lunes, 5 de septiembre de 2011

Primer plenario descentralizado de Inkariders

Lugar: "Chicharroneria Express" Lima - Conchan

El dia 04 de setiembre del año 2011, se realiza con caracter serio y de suma necesidad, La 1ra reunion Oficial de Socios de nuestro club, con el motivo de tocar temas muy importantes referentes a la organizacion, inscripcion de socios, entre otros.

Por medio de la presente plana directiva actual presidida por el Sr. Kentay Chiong, se da inicio a la presentacion de los estatutos a legalizar para ser presentados a la FEDERACION NACIONAL DE CICLISMO PERUANO, Recoleccion de datos de la junta directiva y lectura de los mismos.

En esta reunión se tocaron puntos muy importantes como:

- La participación de nuestros miembros en las competencias oficiales,
- Participacion y preparacion de eventos oficiales en un periodo mínimo de dos años
- El tema de los seguros de nuestros ciclistas
- y Recoleccion de fondos

La reunion se llevo a cabo rodeado de un clima ameno y de confraternidad, muy caracteristico dentro de nuestra familia, que abarca una membresia mixta y de caracter serio y puntual al momento de tomar decisiones. Luego de tocar los temas, nuestros socios gozaron de un exquisito desayuno sureño acompañado de anecdotas y una calida hermandad que nos a unido cada vez mas con cada ruta realizada.

Al finalizar, como siempre llegaron las seciones de fotos a cargo de nuestro fotografo oficial para sellar la reunion e iniciamos el retorno a Lima una mitad de nosotros por la Panamericana Sur, mientras que nuestro equipo de montañeros retomaba sus entrenamientos del dia de hoy haciendo una clasica jornada por los cerros de Pachacamac, para mas tarde regresar a su hogares.

Inkariders Rules!!!

Marco Torres

Lima - Antioquía - Lima

Domingo 28 de agosto de 2011
Hola a todos, el dia de ayer, domingo 28 del presente partimos desde lima a la hora programada con 2 minutos extras rumbo hacia Antiokia, desde el grifo primax de javier prado: Liz, Martin, Ruben, Gacre y Mack. En el camino nos dio el alcanse, el Loco y ya arriba en el desvio Musa nos esperaba Jorge Manchay. Nos abastecimos de un rico desayuno y trepamos hasta la cumbre de cieneguilla para empezar el descenso por el serpentin, hasta alli hacia arto frio y mucha neblina, durante la bajada del serpentin el aire parecia hielo, asi que x ley lleven siempre en esta epoca sus casacas corta viento y una licra larga o se pelaran de frio. ya abajo el camino es una maravilla, aunke la gente pedia trocha, tierra, piedra y cosas diciles...ya eso lo encontrarian mas adentro. Como muchos ya saben el camino hasta Rio Seco (lugar donde es el ultimo paradero de las couster) es pura pista, desde alli empieza una trocha suave con algunas trepadas y descensos llenos de tierra profunda y trampas en el centro, producto del maltrato de la carretera por los carros y el viento, tambien hay muestras de ke alguna vez una pista asfaltada pero eso ahora esta llena de huecos y cascajo....(las llantas pisteras se harian leña). Bueno seguiamos el recorrido acompañados de un excelente sol ke cada vez se hacia mas fuerte y llegamos a Chontay a las 10:04 a.m. alli nos detuvimos un momento para esperar a los muchachos ke llegaban presurosos y de paso abastecernos de liquido elemento, justo alli para los que venian x primera vez aki como a ruben y a gacre se les dibujo una sonrisa interior ya que aparecia ante sus ojos una pista asfaltada, que avanzaba por muchos kilometros mas, tambien aprovechamos en tomar buenas fotos del paisaje que cada vez se mostraba en su esplendor, el clima era excelente!!! Luego de un rato llegamos a Nieve Nieve (11:05 am. exacto)...como siempre nos detuvimos en la tienda de dn. Cesar a chinear ke habia pero aun no era tiempo de almorzar, observamos la ciudad, nos tomamos unas fotos con los Fans de Club y chekeamos como estaba la gente, aki fue que se quedo Jorge (gacre) debido a una dolencia en la pierna el nos iba a esperar en la tienda de dn. Cesar para hacer la trepada al serpentin juntos, y para ser su 2da salida fuerte con el club no lo hizo nada mal, ademas aun le faltaba el regreso y eso le daria un buen dia de entrenamiento, felicitaciones Jorge!!.. A Sisicaya que se encontraba a pocos kilometros de alli llegamos cerca de las 11:23 a.m. : Jorge Manchay, el loco, Martin, Liz, Ruben y Mack. Fue aki donde se quedaron el loco, Jorge manchay y Martin, ellos tambien iban hacer la trepada al serpentin con nosotros y con jorge ke nos esperaba en nieve nieve, si aun se hacia muy tarde ellos partirian sin nosotros. Asi que aki fue donde nos despedimos y Liz, Ruben y Mack (yo), seguiamos hasta llegar a Antiokia, ke faltaban aun 17 kmts. Me sorprendio la carretera la cual se encuentra en buen estado al menos algunos kilometros despues de Sisicaya, recuerdo ke la ultima vez que vine por aca lo hice de madrugada y era pura trocha y con trepadas, afortunadamente esa parte maldita del recorrido aun esta asi y las trepadas en la piedra se hacen muy buenas para la tecnica y para nuestras cletas ke pedian sufrimiento, eran casi las 12: 00m del medio dia y el sol kemaba como en el desierto del sahara, como diciendo "fundanse malditos por seguir desafiandome" lo bueno aparte del entrenamiento eran los paisajes y el contacto con la naturaleza, algunos bikers no dudaron en tomarse fotos en el rio y en el campo (hasta yo)...1 km. antes de llegar al puente aparecio nuevamente una carretera a medio terminar, solo habia pasado la aplanadora y despues de cruzar el puente empieza una ultima trepada hasta el pueblo, aki me acorde las palabras de mi amigo pedriño akella madrugada del año pasado cuando hicimos "Antiokia Nocturno" y dijo: " cuando crucen un puente kiere decir ke tan solo le faltan 6 kmts." y haci fue, pasaban los kilometros pero el pueblo no parecia!!!!!...jajaja. Luego de maravillarme del paisaje y esperar a mis amigos que no los veia atras, llegue a Antiokia cerca de la 1: 21 p.m. trate de comunicarme con ellos por el celular (claro) pero no habia señal, los espere en la plaza y aproveche en tomar fotos, los espere como una hora y deje avisado a un aldeano a donde me iba (al restaurant Inkarider) lastimosamente aparecio la flaca del aldeano y el tio se kito al telo....al rataso aparecio en el resturant Inkarider Ruben cerca de las 2:35 p.m. y luego liz a las 2:52 p.m. has saludamos todos y pedimos una rica Inkakola en tributo a nuestros amigos Inkariders que nos acompañaron en esta ruta y a los ke no pudieron venir, almorzamos lo mejor de la carta y luego de terminar nos fuimos a la plaza a tomarnos fotos y a conversar con los lugareños y los turistas ke nos preguntaban kienes eramos y de donde veniamos "SOMOS LOS INKARIDERS"....seria bueno para la proxima llevar flyers de invitacion a donde vayasemos a la gente le gustaria participar en un grupo serio como el nuestro!, luego de observar la belleza del pueblo partimos rumbo a Lima a puro pedal a las 3:55 p.m. para hacer el descenso por la carretera acompañados de los carros ke tambien se regresaban a lima y con el rico sol ke no nos dejaba. el descenso estaba suave afrontando tbm algunas trepaditas llenas de tierra y piedra pero mas ke todo cuidandose de los carros (lleven lentes....) cuando pasamos por Sisicaya la tienda donde se kedaron el loco, j. manchay y martin estaba cerrada y una señora nos dijo ke ya se habian ido hace rataso. Seguimos en la ruta y paso lo mismo en Nieve Nieve....parece ke nuestrois amigos ya estaban muy lejos con muchas horas de diferencia. Cuando llegamos al paradero de cousters de Rio Seco, nuevamente el frio se hiso sentir y nos abrigamos para seguir el recorrido rumbo a cieneguilla y trepar el serpentin el cual lo hicimos con luces y ya de noche bien abrigados ya que arriba en la cima estaba haciendo neblina, esta trepada la hicimos en 43 min. y luego vino el descenso hasta la via evitamiento. dejamos a Liz en su casa de Zarate y Ruben y Yo seguimos por la ruta hasta el ovalo de Habich donde nos separamos cerca de las 8:30 p.m. y prometimos encontrarnos en una nueva emocionante aventura en 2 ruedas. Desde aki mis felicitaciones a Liz y a Ruben por haberle puesto mucho ahinco en todo momento, por no dejarse rendirse por el agotamiento y por seguir con la tradicion de los Montañeros Inkariders: "NUNKA TOMAR KARRO" y tbm felictaciones a todos los que nos acompañaron en la ruta: al Loco, a Jorge Manchay ke no lo veia de tiempo, a Martin, y a Jorge "Gacre"...por particpar y dar lo mejor de si en apuesta de su superacion...

RUTA COMPLETADA:

0 PINCHASOS, 0 CAIDAS, 0 PERDIDAS....... GRACIAS A TODOS

MARCO TORRES

Ruta nocturna: Pachacamác - Rio seco

Viernes 19 y 20 de marzo de 2011
Muy buena experiencia la de este fin de semana. Lástima que también fue la ruta de las fallas y desplantes de última hora, al final solo fuimos tres los que nos aventuramos por los oscuros senderos de Pachacamac: Jaimono, el Loco y yo.

Salimos de Lima por el distrito de Chorrillos, alrededor de las 8 de la noche. El clima estaba algo nublado, la supuesta gran luna aún era una manchita blanquecina algo difusa en el negruzco cielo limeño. Jaimono y yo planteamos variar la ruta: hacer un Chirimoyo nocturno previo a río seco, bajar ese descenso técnico del Chirimoyo más bravo, alumbrados solo con nuestra linternas. Como los tres que estábamos dominamos ese descenso, queríamos probar cómo sería de noche.

Después de comer uno sándwiches en Pachacamac y comprar provisiones, como a las 10 de la noche empezamos a pedalear rumbo al portón que lleva al Chirimoyo. Lamentablemente no había nadie que nos pudiera abrir, a pesar que tocamos la puerta varias veces. Buscar la manera de trepar el muro o bordear algún cerro para pasar iba a ser muy arriesgado, tanto porque era de noche como el hecho de que hayan guardianes y se cumpla eso de "disparo primero y pregunto después". Así que, con tristeza tuvimos que renunciar a hacer un Chirimoyo nocturno. Pero con Jaimono nos prometimos regresar otro día más temprano para realizar de todas maneras dicho descenso nocturno. ¿Quiénes son los valientes que se anoten?


Seguimos con la ruta originalmente planeada. Entramos al sendero técnico que nos lleva hacia la cumbre de donde se aprecia Pampa Azul y el circuito de Lomas. Hacer le descenso de dicha cumbre hacia el llano, en la noche, fue la experiencia más alucinante de la ruta: como no se veía bien el camino que debíamos descender, terminamos bajando por la ladera de un cerro arenoso que tenía una inclinación de casi 45 grados, y cuyo fin no podía distinguirse con nuestras linternas. ¿En qué acabaría ese cerro? Había momentos en que por más que uno apretaba fuertemente el freno, la bici no se detenía, en estos casos el último recurso para detener la bici, sin caer al piso, es zigzaguear ligeramente, haciendo quiebres con ambas llantas.

Finalmente llegamos al llano, y cuando vimos el cerrazo que habíamos bajado en plena oscuridad, nos asombramos. De allí continuamos atravesando un desierto que por momentos parecía ocultarnos el sendero correcto. Había partes del camino que tenía tanta arena fina que hacía casi imposible el pedaleo.

Luego comenzamos a pedalear cuesta arriba otra vez, siguiendo la trocha que lleva hasta la cumbre que separa Pampa Azul con la cuenca del río seco de Punta Hermosa. Y justo antes de llegar a la cumbre, decidimos buscar un lugar apropiado para dormir, donde no seamos visibles desde la carretera.

En el lugar reinaba el cascajo, el polvo, los cerros secos y la soledad absoluta. A lo lejos podía verse las luces del pueblo de Pachacamac, que simulaban pequeñísimos puntitos amarillos y desordenados. Arriba, en el cielo, una luna opacada por la neblina limeña alumbraba, como una débil vela, nuestro refugio. Sin embargo, un hermoso halo circular rodeaba a esta luna, que a la hora en que empezamos a dormir (poco más de la una de la madrugada) estaba directamente sobre nuestras cabezas.

La noche transcurría con normalidad, hasta que alrededor de las 4 de la mañana un fuerte ruido estremeció el piso donde dormíamos. El ruido era constante y se acercaba, parecía avanzar hacia nosotros... y pasó tan cerca de nuestro refugio que nos despertó por completo. Cuando volteamos a ver, ya se estaba yendo, iluminando su sendero con sus luces artificiales: era un camión que había pasado a toda velocidad.

A la mañana siguiente acomodamos nuestras cosas y comenzamos a descender cerca al cauce del río seco. Cada vez que voy por este sitio, algo tiene que cambiar. En realidad cambian muchas cosas, es un sitio en constante transformación: aparecen nuevas casas de madera, nuevos muros, nuevas zanjas, nuevos montículos de arena, nuevas mallas de protección.

Finalmente llegamos a Punta Hermosa (km 40 de la Panamericana Sur) a las 8:30 a.m. De allí nos fuimos a Lurín a disfrutar de un reponedor desayuno dominical: un cafecito con tamal.

Ya en Lima, Jaimono se despidió de nosotros en Barranco, donde se desvió para dirigirse a su casita. El Loco y yo nos despedimos en la última cuadra de la Av. Arequipa: yo me dirigí hacia el Centro de Lima y él hacia el circuito de playas.
Una ruta muy interesante y que me dejó varias reflexiones. Quedan aún muchos más senderos que podemos recorrer de noche, solo falta gente que tenga el coraje de hacerlo. El fin de semana demostramos que no es nada del otro mundo.
Y colorín colorado, esta historia se ha acabado

PEDRO SALAZAR WILSON

Lima - Matucana - Lima

Domingo 13 de febrero de 2011
La partida
"¡Demonios, está lloviendo!", exclamé a las 2 de la mañana del domingo, antes de irme a dormir y a pocas horas de empezar nuestra salida a Matucana.
Al amanecer ya no lloviznaba, pero el cielo seguía nublado. Salí de mi casa a las 6:30 a.m. rumbo al peaje de la autopista Ramiro Prialé.
Cuando llegué al peaje, Andy ya estaba esperando. Unos minutos después llegaron Lucxo y Walter.

Una lluvia que hizo peligrar la ruta
A sus marcas, listos yaaa. Partimos de Prialé (km 0) a las 7:15 a.m. "¡No pueden ir más despacio!", reclamaba Andy, pero nosotros seguíamos un ritmo parejo. Conforme avanzábamos rumbo hacia la sierra, una tenue llovizna crecía lentamente.
Al llegar a Ñaña (km 19) me llama Jorge Valle, quien ya había llegado a Chosica, para decirme que la lluvia estaba fuerte por allá, y que había tomado la decisión de regresarse. ¡¡Chesu!! En ese momento pensé que el clima podía boicotear nuestra salida dominical. Traté de pensar positivamente, diciéndome a mí mismo que como sea tenía que llegar a Matucana.
Y seguimos avanzando. Al llegar a Chaclacayo todo empeoró: las pistas estaban totalmente mojadas, cada metro que avanzábamos nos llenábamos de barro. Lucxo y Walter se adelantaron un poco, mientras que Andy se rezagó.

Desayunando en Chosica
Llagamos a Chosica (km 35) a las 8:40 a.m. aprox. Allí encontré a Jaimono, el Loco y Raffo tomando el rico desayuno. Ellos también habían llegado pedaleando desde Lima hacía unos instantes. Unos minutos después llegó Gustavo (Tío Archi) y Marco, que también llegaron a puro pedal y tragando barro.
Tomamos una potente maca y de paso esperamos a Eduardo y Andy, que se habían quedado desayunando en Chaclacayo. Eduardo se retrasó a causa de un pinchazo, el primero de los muchos pinchazos que tuvimos en toda la ruta.
Mientras tomábamos desayuno en Chosica, se podía ver unos tenues rayos de sol a lo lejos: la lluvia dejó de caer y parecía que el clima cuesta arriba mejoraba. ¿En verdad mejoraría?
A las 9:20 finalmente estuvimos todos reunidos y decidimos partir: Andy, Gustavo, Raffo, Eduardo, Marco, el Loco, Jaimono, Lucxo y yo. Lamentablemente no todos llegarían a la meta.

¡Y la lluvia se fue!
Para nuestra fortuna, conforme subíamos, el tiempo mejoraba considerablemente. No volvería a caer una gota de lluvia en toda la ruta. Pasando Ricardo Palma, la carretera ya estaba seca y había un débil sol brillando lo suficiente como para alentarnos a seguir.
A Corcona (km 48) llegamos como a las 10:15 a.m. Allí nos reagrupamos, pero ni Gustavo ni Raffo llegaban. ¿Qué habría pasado? Intentamos llamar a Raffo, pero la señal se iba a cada rato. ¿Y Gustavo?, bueno, alguien del grupo dijo que más arriba de Chosica lo vio dar media vuelta y regresarse.
Esperamos máximo hasta las 11, pero como no aparecían, decidimos continuar. Raffo es un ciclista experimentado, cualquier dificultad que le haya pasado lo iba a resolver muy bien.

A partir de Corcona vino lo bueno
Luego de partir de Corcona, Lucxo y yo comenzamos a corretear un poco, seguidos de cerca, en los primeros kilómetros, por Jaimono y Marco. Pasando Cocachacra, Lucxo se adelanta y yo me mantengo a 200 m atrás de él, hasta San Jerónimo de Surco (km 66), donde logro alcanzarlo en la tienda que está al lado del puente, en la entrada al pueblo de Surco. Ya estábamos a 2 mil metros de altitud.
Allí llegamos a las 12:00 m., nos detuvimos 15 minutos para abastecernos de agua y estirar piernas. A los demás no los veíamos para nada. En ese momento veo un mensaje en mi celular, era Raffo, quien me había escrito que tuvo un desperfecto con su descarrilador... ¡¡otra vez!!, por lo que tuvo que dar media vuelta en Ricardo Palma.
De Surco a Matucana hay uno 9 km bien agresivos. Con Lucxo avanzamos a paso moderado. Por el km 70, Andy me llama al celular: "Pedrito, tiré la toalla, me quedé en Tornamesa".

¡Matucana, al fin!
Finalmente Lucxo y yo llegamos sincronizados a Matucana, a la 1 p.m. Descansamos un poco y luego fuimos a almorzar a un restaurante que está en la plaza. ¿Quién llegaría tercero?
A la 1:30 p.m., mientras almorzaba con Lucxo, llega Jaimono; a los 5 minutos llega Eduardo, 10 minutos después aparece el Loco. Finalmente, nuestro fotógrafo oficial, Marco, aparece gritando como loca al llegar al restaurant, a la 1:55 pm. Ya estábamos completos.
A las 2:30 p.m. decidimos bajar a Chosica, Andy nos esperaría en Tornamesa, para unirse a nosotros en el descenso. Mientras almorzábamos, conocimos a otro amigo ciclista que bajaba de San Mateo. Almorzó con nosotros y nos acompañaría una parte del descenso.

Comenzó el desfile de pinchazos
Cuando nos alistábamos para partir, nos dimos cuenta que la llanta posterior de la bici de Jaimono estaba desinflada. Parchamos. Luego, a los 5 minutos... ¡Otra vez la llanta de Jaimono! Esta vez le presté mi cámara, para no perder más tiempo y bajar de una vez, ya que se acercaban unas nubes oscuras con cara de pocos amigos. Creo que finalmente salimos de Matucana como a las 3:30 p.m.
Todo bien hasta el km 61. Allí, mientras me estaba atrás de un camión para intentar pasarlo, pincho la llanta posterior, a más de 40 km/h. "¡Por la... !". No podía parar bruscamente porque atrás de mí había un auto que también quería pasar al camión, así que tuve que continuar 300 metros más y pegarme a la derecha hasta encontrar un lugar libre al lado de la carretera para parchar. Cerca de mí estaban Marco y Lucxo, pero no llegaron a percatarse que yo había pinchado.
Me quedé solito parchando. Termino de parchar, continuo bajando y en el km 53 veo a Jaimono y Lucxo a un lado de la carretera, cambiando una cámara: Jaimono había vuelto a pinchar.
Finalmente nos reagrupamos todos en Corcona, de donde partimos a las 4:40 p.m.
Llegamos a Chosica poco después de las cinco de la tarde. Estábamos todos menos uno: Eduardo. Lo estuvimos esperando buen rato y no aparecía. Más de media hora después lo vimos venir, con la llanta posterior totalmente baja. Había parchado dos veces y parecía que su cámara no se podía parchar. Parchamos otra cámara que teníamos de repuesto, para que así pueda continuar.
En Chosica nos despedimos de Jaimono, Lucxo y Andy, quienes regresaron a Lima en colectivo.

De Chosica a Lima... más pinchazos y mordidas.
A las 6 p.m., Marco, Eduardo, el Loco y yo partimos de Chosica con destino a Lima. Todo marchó bien hasta el km 19, a la altura de Ñaña, donde a Eduardo se le desinfla otra vez la llanta. Parchó, pero cuando ya estaba listo para partir, ve que la misma llanta está otra vez desinflada. ¡¡Maldición, tenía otro hueco!! A los pocos minutos cayó la noche.
Luego de solucionar el problema de la cámara de Eduardo, continuamos el camino a Lima. Todo parecía por fin ir bien. Yo iba adelante, seguido de Eduardo, el Loco y Marco; pero 10 minutos después...
-¡Aguanten, Marco no está, aguanteeeeennnn! -nos avisó el Loco, quien después de un ratazo se había dado cuenta de la ausencia de Marco.
Nos detuvimos. Estábamos en el km 15, creo, en una zona solitaria y oscura.
-Aló, Marco, ¿qué pasó? -le pregunté por el celular.
-Nada tío, estoy lejazos...
-Ya, no te preocupes, más abajo te estamos esperando, okey.
-Ya, ahí voy, ahí voy --me respondió.
Pero pasaban los minutos y no venía.
"¿Por qué demora tanto, si no hemos avanzado mucho?", nos preguntábamos.
De repente aparece Marco, viniendo recontra lento. Cuando se acerca, vemos que sus dos llantas están totalmente desinfladas: sin darse cuenta pasó un bache que hizo morder ambas llantas. Estábamos recontra salados. No quedaba otra más que parchar.
Finalmente partimos. Ya eran las 8 p.m. y estábamos rogando no tener otro pinchazo más.
Y parece que los dioses por fin se apiadaron de nosotros. Seguimos hasta Huachipa (km 10) y de allí cogimos la renovada autopista Ramiro Prialé, por donde agarramos buen ritmo, llegando a Puente Nuevo como a las 8:30 p.m. Allí me despedí de mis compañeros y entré a mi barrio por Zárate.
Llegué a mi casa a las 8:45 p.m., con hambre, sueño y mi ropa llena de barro (por la lluvia de la mañana), pero contento por la ruta.
Si no hubiese sido por tantos pinchazos (11 parchadas, por lo menos) hubiésemos estado en Lima antes del anochecer. Pero ya no importaba, a pesar de todo, la ruta fue un éxito.
La próxima semana volvemos a la trocha, esta vez a la competencia de Totoritas.

PEDRO SALAZAR WILSON

Segunda bajada desde Canta y una breve descripción de la "fauna" limeña

Domingo 8 de julio de 2007
Era el domingo 8 de julio de 2007 a las 4:30 a.m., Me disponía a salir de casa para ir al punto que el que nos reuniríamos para dirigirnos a la empresa de buses, con la que previamente había coordinado telefónicamente y que nos llevaría a la localidad de Canta, pero al abrir la puerta para salir, me dí con la gratísima sorpresa que, siendo aun de noche, 9 integrantes del grupo que luego sería INKARIDERS ya me esperaban, con sus bicicletas, en el patio de entrada al edificio en el que habito.
Mientras descendía por las escaleras con la bicicleta a cuestas, me percaté que la llanta posterior se había desinflado durante la noche; maldije al tío que, en la galería de la Av. Emancipación, había enderezado el aro de mi bicicleta. Fui empujando la bici hasta el grifo más cercano (3 cuadras) mientras los demás integrantes del grupo me acompañaban. Felizmente no se trató de un pinchazo, sino que la válvula (modelo "presta") cuya tapa metálica no había sido ajustada debidamente había dejado escapar, lenta e imperceptiblemente al aire de la cámara; pensé otra vez en el tío, pedí disculpas a su señora madre y una sonrisa se dibujó en mi rostro.
Empezamos a pedalear por la avenida Salaverry, nos dirigíamos a una estación de servicio que se encuentra en la cuadra 3 de la Av. Arenales, ahí nos encontraríamos con otros tres participantes, sin embargo, pese a que llegamos a la hora exacta que había sido acordada no había nadie, por lo que nos dirigimos a la cuadra uno de la Av. Arequipa (una paralela de la anterior) ya que ahí nos íbamos a reunir originalmente (después se acordó que sería en el grifo de Arenales), pero nadie llegó a este otro punto.
Fue entonces que salimos con rumbo al paradero, eran ya casi las 5 a.m. y el bus saldría a las 5:30, luego de transitar por las oscuras y desiertas calles y avenidas limeñas, llegamos a la empresa de transportes "Mi Chaperito" , con la que habíamos hecho las coordinaciones pertinentes el día anterior, cabe señalar que pese a haber llegado a la hora acordada con los administradores de la empresa, nadie estuvo ahí para recibirnos ni atendernos, las puertas se encontraban cerradas y el timbre no funcionaba.

Creo que fue Raffo el que retrocedió una cuadra, hasta la empresa "Santa Rosita de Lima" y consiguió el transporte, ya no por 12 sino por 10 soles así que yodos nos fuimos hacia el local de esa empresa, izamos nusestras bicicletas al techo del transporte y luego lo abordamos. Estando ya a punto de partir, recibí una llamada en mi teléfono celular, eran los dos nuevos integrantes del grupo, se excusaban por no haber estado a la hora acordada y preguntaron por nuestra ubicación, les respondí que ya estábamos embarcados y a punto de partir, respondieron que de igual modo irían a Canta y que allá nos encontraríamos.
El bus partió casi a las 5:40 a.m. , y tras varias paradas para recoger y dejar pasajeros, llegamos a Canta a aproximadamente las 8:10 a.m. bajamos nuestras biclas del techo del vehículo y, luego de una breve visita al mercado (me compré toditito un molde de queso canteño y lo puse en mi morral), nos dirigimos al terminal de la empresa "Mi Chaperito" para indicares que en el ómnibus de su empresa, que venía subiendo desde Lima, se encontraban a bordo unos ciclistas y solicitarles que, por favor, les indicaran que ECO URBAN BIKERS (aun no se había forjado el nombre actual del grupo) había subido hacia el restaurante "Santa Catalina" y que fueran a nuestro encuentro; Estábamos pidiendo los desayunos cuando los susodichos llegaron.

Los desayunos fueron algo "radiacales", no fueron panecillos cono en el viaje anterior, no, esta vez fueron platos bastante más contundentes, en lo personal me pedí un café, dos panes y un saltado de trucha que (que estuvo realmente buenazo), otros pidieron "Bistek a lo Pobre" (dizque porque andaban misios) "Lomo al Jugo" y otras exquisiteces más que no alcancé a determinar), acabados de desayunar nos dirigimos, en vertiginoso descenso, al poblado de Obrajillo y desde ahí, tomando un tortuoso, polvoriento y accidentando camino rural hemos llegado hasta la carretera que llega a Canta y que por tanto conduce a Lima.
En total fueron 137 Km de bellísimos paisajes y pura adrenalina, tuvimos un pequeño percance con lesión en una mano, (hacemos votos porque no sea nada de consideración), salvo ese inconveniente, la ruta se hizo de manera muy agradable, pese a que en una crónica anterior relato que, hay fuertes subidas en esa bajada, debo aclarar que probablemente esta percepción tuvo su origen en que en aquella memorable ocasión, Tony y yo, hubimos de regresar cerca de 5 Km hacia arriba y por encima de los 2000 m.s.n.m. para reagruparnos con la otra parte del equipo (un de sus integrantes había sufrido la pinchadura de una llanta).

En esta ocasión las subidas que existen en esa bajada fueron casi imperceptibles y considero que esto ha sido debido a que, ahora, nos encontramos con mejor estado físico, más entrenados y, en lo personal, con una máquina muy superior a aquella que utilicé en el primer descenso, el raid, tal y como lo he comentado en una crónica anterior, fue muy divertido aunque intenso por el ejercicio realizado, ya que regresar desde Canta no es solamente hacer una bajada, debido a que, por las velocidades que alcanzas (hasta 60 Km/h), los vehículos motorizados que suben y bajan por la misma carretera (esta vez había tráfico) y el estado de conservación de la misma, requieres de mucha técnica concentración y esfuerzo para el control de tu bici, adicionalmente es una bajada que tiene muchas cuestas en su trayecto con el pequeño añadido que las pedaleas por arriba de los 1000 m.s.n.m.
Pasamos por la ermita de Santa Rosa, en la localidad de Quives algunos dejaron sus mensajes en el pozo de los deseos (en la “sucursal” del pozo que existe en el Santuario en la ciudad de Lima), otros quisimos dejar nuestros celulares (para una comunicación más fluida) pero por no haber llevado los recargadores nos persuadieron de no hacerlo.

La visita fue relámpago.
Debo señalar que la emoción del viaje se pudo sentir mucho más, toda vez que la excursión terminaría en el distrito de Lince y no en la Av. Habich como la vez anterior hemos discurrido por los seguros, acogedores y distinguidos barrios de Carabayllo, Independencia, Piñonate, y hasta por Caquetá; en este tramo hemos podido apreciar, muy de cerca, parte de la riquísima fauna de la ciudad de Lima: choferes de combi (de esos a los que hay que mentarles la madre para educarlos), conductores de Taxi que no tienen la más remota idea de para qué sus vehículos tienen luces direccionales, borrachines y hasta “pastrulos y "drogos" de toda calidad, pelaje y estirpe, realmente toda una fauna que "per se" entraña peligro para nuestras bicicletas y por tanto para nuestra integridad.
Éste último trayecto, por un tema de seguridad, lo hicimos a alta velocidad y pegados a la berma central de la Avenida Universitaria y fuimos por ese lado con la clara intención de no pasar cerca a la vereda debido a la cantidad de gente de mal vivir que se veía en algunas zonas y por las voces que se oían aludiendo al paso de nuestras bicis. Era espectacular ver al grupo, parecía un extraño animal que serpenteaba raudamente entre los demás vehículos.

Siempre es una nueva experiencia, la ruta puede ser ya conocida, pero cada viaje tiene lo suyo.

Primer descenso desde Ticlio hasta Lima

Lima 10 de junio de 2001

¡El viaje ha sido EXCELENTE! Estuvimos a aproximadamente 1° centígrado, ¡alcanzamos hasta 78 Km./h!

Eran aproximadamente las 6.00 a.m. cuando salí de casa para esperar a Mario, uno de mis hermanos, anduve pedaleando (para no "congelarme") cerca de 10.00 minutos, al ver que la hora avanzaba y que el susodicho no llegaba, decidí tomar al toro por las astas y fui a buscarlo a su casa; La espera fue breve, cuando escuchó mi silbido me dijo que esperara y, al cabo de unos pocos minutos ya estaba en la calle, enfundado en su buzo azul y con su bicicleta.

Me comentó que no se sentía nada bien, ya que la semana anterior había estado tomando fuertes dosis de antibióticos porque quería sanarse de un fuerte resfriado que podía haber impedido su salida a Ticlio, y que probablemente por ello era el dolor de estómago que tenía.

Llegamos, a la torre Wiese, eran exactamente las 6.30 a.m. y aproximadamente a las 6.35 vimos llegar un grupo de 4 personas, eran Christian, Alan, Bruno y Pablo, se acercaron al lugar en el que nos encontrábamos Mario y yo, nos preguntaron si éramos del grupo que había convocado el Sr. Gustavo Alva y que saldría para Ticlio, respondí que sí y a su vez dije también que yo era Gustavo Alva, y pregunté a cerca de cómo se habían enterado del paseo dado que yo aun no los conocía, me respondió uno de ellos, Christian, me dijo que él es amigo de Miguel Lipa y que éste le había pasado la voz, lo curioso del caso es que Miguel no pudo asistir y que los otros tres personajes se pasaron la voz precisamente la noche anterior a la aventura, justamente por eso entre ellos no se conocían Christian, el amigo de Miguel, conocía a Pablo, éste a Alan y él a Bruno.

Mientras el diálogo anterior se suscitaba, Mario se quejaba de dolor de estómago, esperamos unos 10 minutos más y llegó otro amigo mío, Toni; ya éramos 7 y sugerí empezar la aventura pedaleando hacia Yerbateros, para ese entonces Mario, ya había desistido en acompañarnos; alguien por ahí sugirió (con gran acierto) que mejor fuéramos en taxi hasta la estación y así lo hicimos, detuvimos tres taxis, al momento de embarcarnos y viendo el entusiasmo de la gente, Mario decidió ir y que fuera lo que Dios quisiera; tomamos tres carros (dos camionetas y un tico) y así emprendimos, no muy cómodamente sentados, la ruta hacia el terminal.

La primera camioneta que llegó fue aquella en la que yo viajaba junto con tres de las 7 biclas, y tuve que decirle al taxista que no se fuera hasta que llegaran los demás (¡no sea qué a alguien se le ocurriera cuadrarme!) .

El taxista esperó y esperó y esperó... hasta que al fin llegaron, ¡se había bajado una llanta de uno de los taxis!

Bueno, descargamos las bicicletas e ingresamos al terminal, tras regatear y averiguar la hora de salida de los ómnibuses, subimos a uno que tenía hasta T.V., nos cobró S/. 10.00 por persona y fuimos muy cómodos hasta nuestro objetivo, Ticlio. Ésto fue una mejora sustantiva en el plan original, porque lo que se había pensado era subir en la tolva de algún camión, cosa que, aparte de la incomodidad, el y el frío resultaba a la postre, más costosa.

Tuvimos la suerte que el ómnibus se detuviera en Ñaña para abastecerse de combustible, Mario descendió del vehículo, para su fortuna había una pequeña farmacia y pudo comprar dos "Buscapinas", las que le salvaron el viaje.

Mientras íbamos en ascenso, ya se respiraba un grato ambiente de confraternidad y espíritu de equipo, ésto hacía presagiar lo grato que sería la aventura.

Faltando unos escasos minutos para la llegada a la cima, me acerqué a la cabina del conductor para hacerle recuerdo de nuestro punto de descenso, asintió y dijo que lo tenía presente; una vez que hubimos llegado a Ticlio, el vehículo se detuvo. Los pasajeros miraban, entre extrañados y sorprendidos que siete de los viajeros descendieran en aquel inhóspito paraje; algunos de los primeros bajaron con nosotros, y entre sonrisillas y cuchicheos de aprobación, observaban como nuestras bicicletas eran arriadas mediante una cuerda desde el techo del transporte hasta la carretera.

Una vez descendidos y con nuestro equipamiento completo, el ómnibus continuó su ruta hacia la localidad de Tarma, nosotros nos quedamos en la cumbre, observábamos extasiados nuestro entorno y cada uno, quedamente, almacenaba en los rincones más profundos de su mente la impresionante y abrumadora experiencia de saberse en el punto ferroviario más alto del mundo junto a su bicicleta, la vista impresionante de las lagunas, las ondas que los fuertes y gélidos vientos dibujaban en ellas, la nieve en las laderas y faldas de los cerros, el frío cortante y seco y el sentirse vivir en un paraje tan distinto a todo.


El altímetro que llevamos fue capaz de acompañarnos únicamente hasta los 4000 metros de altura, pasados estos se limitó a indicar "FULL", como un mudo testigo que se niega a señalar lo que no puede creer, siete ciclistas solos, en la puna.

Hicimos algunas fotografías, nos abrigamos, tomamos un frugal desayuno (dos chancays y un mate de Coca) y emprendimos el vertiginoso descenso.

Fue algo espectacular, la mañana estaba soleada aunque corría un fuerte viento gélido que helaba las manos hasta el dolor, lo que hizo más interesante la travesía.
El grupo trabajó muy bien, hubo mucha conciencia de equipo y apoyo de unos a otros.

Tuvimos que detenernos antes de cada uno de los túneles más largos para ingresar todos juntos y evitar rezagos que pudieran conducir a algún hecho que lamentar; sin embargo, a pesar de estas precauciones un integrante del grupo sufrió un accidente que, felizmente no tuvo consecuencias mayores, salvo un raspetón en las manos.

Al pasar por la quebrada de "Río Blanco" que es un corredor angosto por donde apenas discurren como un hilillo plateado y otro blanco la Carretera Central y el río Rimac, pudimos ver las altas cumbres que nos acompañaban como silentes vigilantes de nuestra aventura, tuve una clara sensación de vida, me pregunté entre atónito y perplejo qué cosa hacía ahí, y de lo más profundo de mi ser afloró la respuesta, una sonrisa se dibujó en mi rostro y esa fue la explicación.

Continuamos el descenso procurando imprimir la mayor velocidad posible a nuestros vehículos, esto es algo instintivo, no fue una cuestión concertada sino espontánea, lo que contribuyó a darle más dinamismo y emoción a la aventura.

Ingresamos al pueblo de Chicla, la visita fue relámpago, apenas el tiempo necesario para unas fotografías con un anciano del lugar y su hato de llamas, Toni se hizo pasar por el periodista deportivo "Bruno Cacasa" y estuvo convincente.

Después de pasar San Mateo pasamos también Cacachaqui y luego de un ascenso bastante marcado, llegamos a Matucana, paseamos por el pueblo y hasta pude ver la casa en la que nació mi esposa; nos dirigimos luego a la estación del ferrocarril, en la que estuvimos un buen tiempo, hicimos algunas fotografías, conversamos, comentamos y bromeamos para luego irnos a almorzar, era aproximadamente la 1.30 p.m.

Entramos a un restaurante de esos que están en la carretera y pedimos "Lomo Saltado", en total 7 platos y dos gaseosas de litro; al parecer no había nada preparado, ya que sin exagerar, calculo que demoraron cerca de una hora y treinta minutos en servirnos; estuvo regularón, pero ayudó a seguir con la travesía.

Habiendo almorzado pensamos que el resto del camino, hasta Chosica, sería de menos velocidad, pero el instinto pudo más y nos lanzamos nuevamente en vertiginoso descenso, no sé con precisión cuando alcanzamos los 84 Km/h, pero creo que fue en ese tramo.

Conforme íbamos acercándonos a Chosica tuvimos que reducir el andar más y más, ya que había un tráfico tal que parecía que estábamos ¡ en la Av. Abancay!

Una vez llegados a la plaza principal del distrito, empezamos a buscar un medio de transporte que nos llevara hasta el cine "Orrantia" para ahí dar por terminada la excursión; Fue así que alquilamos una Coaster y por S/. 60 y nos llevó hasta nuestro destino final no sin pasar una última aventura, la camioneta, luego de pasar la localidad de Ñaña, se desvió de la carretera e ingresó por un camino de tierra, luego de algunas cuadras volteó a la derecha y ahí unos malandrines conminaron al conductor a que les diera algún dinero bajo amenaza de romperle las lunas del vehículo con sendas piedras.

Un facineroso intentó abrir la puerta del vehículo, nosotros nos percatamos del hecho y como equipo que éramos ya estabamos todos en alerta y tomando las previsiones necesarias en el caso de tener que recurrir a la fuerza para preservar nuestra integridad y nuestras bicicletas, creo que fue Bruno el que extrajo de su bicicleta la "Espada del Augurio", que no era más que un filudo y agudo puñal de unos 15 a 20cms. de hoja.

No fue necesaria ninguna acción de nuestra parte, al recibir algunas monedas del chofer el malandrín y sus tres compinches se fueron como si nada hubiera ocurrido.

Una vez que llegamos al cine Orrantia, volteamos por la avenida Petit Tohuars y de ahí al Jirón Soledad, lugar donde cancelamos lo pactado al conductor del transporte y descargamos las biclas a las 7 de la noche, fuimos a una bodega a compartir una última gaseosa y de ahí cada uno tomó su rumbo esperando reencontrarnos para el inicio de una próxima aventura.

Primer descenso desde Canta hasta Lima

Lima. 24 de Marzo de 2002
Dormía plácidamente eran las 5 y 15 minutos de la mañana cuando sonó mi reloj despertador, era hora de levantarse y aunque aun estaba de noche debía llamar a Tony para despertarlo y decirle que a debía venir a mi casa, pues a las 7.00 de la mañana luego de reunirnos con Miguel, Lucho y Christian estaríamos embarcándonos rumbo a Canta.

Tony arribó a mi casa a eso de las 6. 30 de la mañana, subí mi bicicleta al taxi en el que él llegó. Fuimos algo incómodos, ya que se trataba de una camioneta "station wagon" en la que apenas entraban las bicis en el área que incluye al asiento posterior, por lo que los dos tuvimos que ir adelante.

El chofer intentó ir hacia el terminal por la ruta que cruza el centro de Lima, no pudo ser, ya que debido a la venida de George Bush (Presidente USA) muchas calles estaban cerradas, por lo que el conductor optó por cambiar de camino.

Cuando ya estábamos en la UNI (Universidad Nacional de Ingeniería) en la avenida Túpac Amaru, vimos a tres ciclistas que avanzaban por la pista auxiliar del lado derecho eran Miguel, su hermano Lucho y Christian que ya estaban cerca del terminal.

Desembarcamos en la empresa de transportes "Mi Chaperito" y no bien hubieron pasado unos cinco minutos, nos dieron el alcance los tres ya mencionados personajes.

Luego de los saludos de rigor, compramos los pasajes y abordamos el bus que habría de partir a las 7 de la mañana el pasaje costó 8 soles per cápita más dos soles por "flete", concepto éste último, cuya razón no llegamos a comprender.

Bueno, izamos las bicicletas al techo del vehículo y luego abordamos para empezar el ascenso a Canta, el bus era estrecho, al parecer tenía demasiadas filas de asientos, ya que no había posibilidad de sentarse adecuadamente, no obstante, ya estábamos en camino.

El ascenso fue lento y tedioso, sin contar con los "intermedios" que subían en el camino, no hubo mayor conversación, más bien todos hemos dormitado algunos momentos.

Desperté pasando Santa Rosa de Quives, y noté que habían puesto a funcionar el equipo de música del bus, una melodía "Tropical/Andina" se dejaba escuchar alegremente por los parlantes del vehículo.

Al mirar por la ventana pude observar el verdor de las montañas, parecía que estuviéramos ingresando al valle de Chanchamayo, los cerros completamente cubiertos de vegetación, la neblina que se posaba sobre sus laderas, el aire frío y seco de la sierra nos anunciaron que estábamos llegando a Canta.

Eran aproximadamente las 9.30 de la mañana cuando llegamos a nuestro destino, habíamos subido durante dos horas y media hasta alcanzar los 2720 m.s.n.m. Descargamos las bicicletas y me puse a observar el panorama, intentaba recordar en qué esquina fue que vi, hace algún tiempo, a una vendedora de humitas, recuerdo el grato aroma que despedían (¡las humitas!) Y el dulce sabor que tenían, logré precisar la esquina, pero la señora no estaba, por lo que no pude conseguir lo que había pensado comer.

Empezamos a conversar acerca de lo que nos esperaba y nos dispusimos a desayunar en un restaurante de la avenida principal. Algunos pidieron pan "Canteño" con queso fresco de la zona y mate de coca, otros pedimos la misma bebida pero con tamales y panes también de Canta.

Por ser fines de la temporada de lluvia en la Sierra (temporada a la que ellos llaman "Invierno"), las montañas se encontraban completamente vestidas de verde, eso nos hizo recapacitar en el hecho que, las mejores temporadas para hacer "Cross Country" son precisamente estas, las que se dan inmediatamente después de las temporadas de lluvias.

La mañana estaba algo húmeda y nublada, todo era verdor, donde se posaran las miradas en las faldas y hasta en la cúspide de los cerros, había profusa vegetación, se respiraba un ambiente pueblerino, se oía a lo lejos el rebuzno de los burros y el mugir de las vacas. Era casi una ilusión.

Una vez que hubimos terminado de desayunar, emprendimos la ascensión hacia la Plaza de Armas de la Localidad, ésta se encuentra en la parte más alta de la ciudad, en un primer momento consideré que esta subida sería extenuante ya que nos encontrábamos por encima de los 2700 m.s.n.m. sin embargo, quizá fuera la motivación, o tal vez el aire menos contaminado, pero la pedaleada por la cuesta se hizo muy agradable ya que, pese a la aguda pendiente, fue placentera por el frío y vigorizante por el aire de montaña que se respira en esa zona.

Ya en la Plaza hicimos algunas fotografías y hasta pude escuchar parte del sermón que el sacerdote daba en la Catedral del pueblo, hablaba del sufrimiento de Cristo, y narraba de manera vívida, "con pelos y señales" los pormenores del martirio, predicaba acerca de del crujir de los huesos y hasta del dolor en los músculos y tendones del Nazareno mientras era crucificado, entendí que era parte de la esencia vernacular de los lugareños.

Luego de las fotos emprendimos el descenso hacia Obrajillo por un camino rural algo estrecho, senda por la que discurren personas, animales y vehículos. Por ser temporada de lluvias la ruta se encontraba en un estado tal que cualquier automovilista lo habría calificado de pésima, pero para nosotros, que estábamos con bicicletas de montaña, no podía encontrarse mejor.

El camino empieza con una fuerte inclinación en curva a la derecha por un terreno cambiante entre tierra húmeda, fangales, charcos y hasta riachuelos que lo cruzan en todos los sentidos.

La sensación vivida es realmente abrumadora, la tensión por mantener la estabilidad, el curso de la bicicleta, el ritmo de pedaleo y la parte del camino por la que habrían de discurrir nuestros vehículos hacían sumamente agradable a la par que complicado el esfuerzo, tuvimos que cruzar algunos charcos en los que al pedalear, los pies se sumergían en el agua.

Continuamos descendiendo raudamente, tomé el lado izquierdo del camino porque en el derecho había un fangal, en la senda que elegí discurría un hilillo apenas perceptible de agua, seguí avanzando y de pronto me ví pedaleando ¡en un riachuelo!, No me quedó más remedio que encaramar la rueda delantera de la bici sobre el camino, impulsar la bici con los pedales, y continuar por la zona barrosa; fue así como llegamos a la localidad de Obrajillo, lugar que otrora se dedicara a los obrajes textiles.

El pueblo era un caserío típicamente serrano que ha pasado a ser una suerte de engendro híbrido entre un "progreso" incipiente con fuerte influencia costeña y un poblado netamente andino del siglo XIX, donde antes solamente se veían antiguas casonas de barro y rojas tejas que aún se conservan, se han abierto paso "modernas" construcciones de ladrillo y fierro, baste decir que para visitar una de las caídas de agua que hay en el poblado, es necesario abonar un Nuevo Sol por persona al guardián del predio; la gracia de ese torrente radica en que aparecía al empezar una telenovela nacional.

Sin embargo, existe otra cascada, es aun más bella que la primera y su visita es completamente gratuita, se encuentra situada (para aquel que quiera visitarla), volteando a la izquierda luego de cruzar el puente que se encuentra después del vetusto cementerio, el camino se puede recorrer en un vehículo alto, no es recomendable para aquellos que tienen aros pequeños. La cascada no se encuentra a mucha distancia del puente, por lo que se puede visitar tras una breve pero vigorizante caminata. Pasamos por allí con las bicicletas y nos detuvimos a contemplar su majestuosa belleza, parecía una de esas cascadas típicas de los jardines japoneses, con el exótico añadido de ser ésta una obra maestra de la naturaleza.

El agua discurría violentamente por entre las rocas, nos detuvimos a contemplar extasiados la belleza del espectáculo que se nos mostraba.

El paisaje parecía escapado de una pintura, la paz que puede representar el agua serena de una laguna, no existía allí, se percibía claramente la fuerza, la energía, velocidad y esa instantánea sensación de lo rápido que discurre el tiempo, y con él la vida.

En este paraje tuvimos la suerte de encontrarnos con una pareja de Japoneses que habían llegado al lugar en una camioneta de doble tracción, fueron ellos los que tuvieron la gentileza de fotografiarnos ahí.

Continuamos descendiendo por la "carretera" el terreno estaba húmedo y el cielo amenazaba con desplomarse en lluvia, algunas gotas cayeron sobre nosotros, felizmente los hados nos acompañaron y tras una breve indecisión celestial decidieron reservar el aguacero para otra ocasión.

Seguimos bajando hasta llegar a un punto en el que el húmedo camino de tierra termina en la intersección con la carretera que sube a Canta, continuamos nuestro descenso por esa pista, si bien es cierto, la tendencia del camino es de bajada, debe destacarse que en éste existen también prolongadas subidas que se pedalean por encima de los 1800 m. s. n. m. lo que hace que el viaje no sea lo que usualmente podría pensarse, es decir, que se trata únicamente de subirse en la bicicleta y dejarse arrastrar por la pendiente.

Las subidas son bastante extensas y con buena cuesta, lo que sumado a la altitud hace que el esfuerzo sea considerable. En una de las conversaciones que tuvimos durante la travesía fue unánime la votación, la ruta más difícil que hemos realizado hasta el momento es Canta- Trapiche (Km. 40 de la carretera hacia Canta), seguida por la ruta Lima - Cieneguilla - Lurín y en último grado de dificultad el descenso Ticlio - Lima, sin significar que éste sea un simple descenso, ya que se pedalea por encima de los 4800 metros sobre el nivel del mar y que también tiene fuertes subidas.

Amigo lector, si después de esto sigue pensando que la descolgada desde Canta es sencilla, lo invito a recorrer en bicicleta la ruta de Cieneguilla y multiplicar el esfuerzo realizado por dos o hasta por tres, para darse una idea aproximada de lo que representa la bajada desde Canta.

Éramos prácticamente los amos de la carretera ya que apenas subían y/o bajaban vehículos, podíamos sentir como la mañana empezaba a calentar, nos deslizábamos raudamente entre los verdes cerros y los precipicios, veíamos las mostacillas que pendían de las laderas de las montañas como si pretendieran alcanzar su lomo y abrigarlas cubriéndolas con su hermoso manto amarillo.

En resumen, el viaje era como para hacerlo eterno, infinito.

En un determinado momento el pelotón se dividió en dos grupos, Tony y yo íbamos adelante, bajábamos a gran velocidad por la carretera, el cruce de los badenes que sirve de torrenteras para el agua que baja en los puquiales era algo espectacular, salíamos de una curva, veíamos que se acercaba un badén y en él un riachuelo atravesaba la carretera, exigíamos más a nuestras bicicletas y al pasar por el agua obteníamos una inenarrable sensación de energía, de potencia, de espectacularidad, era como un rugido de vida.

Anduvimos un buen trecho hasta que nos percatamos que la distancia del resto del equipo era demasiado grande, ya que no los veíamos por ningún lado.

Decidimos detenernos a esperar, mientras lo hacíamos acordamos que para toda futura excursión habremos de llevar silbatos que faciliten la comunicación en la distancia.

Nos detuvimos cerca de un rústico puente que venía de un camino de tierra que estaba en la margen derecha del río, en el lugar habían, lo recuerdo bien, unas plantas que tienen unas esferillas con muchas espinas, esperamos 10, 15, 20 minutos y aun continuábamos sin verlos, no quedaba otro remedio, ante el temor de que hubiese ocurrido algún accidente decidimos que era tiempo de deshacer lo andado en la búsqueda de nuestros compañeros, antes de emprender el ascenso, Tony se percató que muchas de esas espinas se habían incrustado en los neumáticos de su bicicleta, optamos por retirarlas y emprendimos el ascenso.

Estábamos todavía alrededor de los 1900 o tal vez 2000 metros de altura, y anduvimos cuesta arriba por cuatro o tal vez cinco kilómetros hasta que al fin, al virar en una curva pudimos verlos, se le había desinflado una de las llantas de la bicicleta de Christian y habían estado cambiándole la cámara, llegamos precisamente en el momento exacto para terminar la reparación centrando el aro en su lugar y re calibrando el freno posterior del vehículo.

Ibamos a reiniciar el descenso y Tony se percató que ahora el problema era la llanta delantera de su bicla, al parecer una o quizá varias espinas habían llegado hasta la cámara, ya no había más refacciones, así que pidió prestado el inflador que llevaba Miguel y emprendimos nuevamente el descenso.

Sin querer volvimos a separarnos, cada 10 minutos (aproximadamente) Tony debía detenerse a inflar la llanta, pasamos por algunos sembríos de coliflores, su característico olor fue lo primero que percibimos, luego vimos las plantas de color verde-grisáceo.

Continuamos en la ruta hasta que llegamos a Santa Rosa de Quives, cruzamos un puente y vimos la cuesta por la que habíamos de subir para llegar al pueblo (que realmente no pasa de ser una aldehuela) llegué al pie de la subida, me apeé de la bici y empecé a empujarla por la subida, creo que fui el único que hizo esto, ya que los demás la pedalearon.

Alcanzamos la localidad en la que la Santa Limeña pasó parte de su infancia, la casa en la que vivió con sus padres aun se conserva y en prefecto estado, en ella hay una celda en la cual se conservan un pequeño altar y una piedra en la que la Santa se reclinaba a orar, hay también una iglesia en homenaje a la Santa patrona de las Américas y Filipinas.

Nos detuvimos en el restaurante Juan Huayanay, es un personaje que conocí hace algunos años cuando fui por primera vez a Canta, cual no sería mi sorpresa al enterarme que era también amigo de Miguel y Lucho Lipa.

Estuvimos ahí por un buen rato, entramos y pedimos algunas bebidas, estuvimos indecisos entre si almorzar o no, optamos por la segunda opción, ya que aun quedaba bastante camino por recorrer.

Lugo de transcurrida media hora o tal vez cuarenta y cinco minutos, continuamos el descenso, la salida del poblado empieza que una bajada muy pronunciada y curva hacia la derecha para entrar a la carretera, habían tramos de tierra y piedras ya que por esa zona es bastante común que caigan huaycos una vez que pasamos estos parajes, imprimimos mayor velocidad a las bicis, Tony seguía inflando la llanta cada 10 minutos.

Sobre la margen derecha del río empezaba a hacerse notorio que la vegetación en las montañas raleaba, cada vez se veían más claros en las laderas de los cerros.

Se podían ver las chacras en las que se cultivan variedad de alimentos, eran como tapices hechos de todos matices de verde. Se percibía en el aire un agradable olor a albahaca, el que me retrajo de inmediato a mi niñez, recordé vívidamente a mis abuelos, a mis padres y hasta la el gran mesón en el que con tíos y primos comíamos "Spaghetti al pesto", recordé inclusive hasta la música que escuchábamos durante aquellos almuerzos. Recuerdos de una niñez ya ida y aun presente.

Pensando en estas cosas no reparé que ya venía bajando solo, a lo lejos y hacia adelante logré ver a otro ciclista que iba con un polo amarillo y que también iba bajando por la carretera. Me propuse alcanzarlo, por lo que aumenté mi ritmo de pedaleo, lo subí a 80 r.p.m., fue muy lenta la distancia que iba acortando, pero lo iba haciendo, aunque el cansancio era bastante, no paré hasta lograrlo en la entrada al pueblo de Zapán. Resultó ser un heladero que llevaba una caja térmica atada a su bicicleta, compré un helado y me dispuse a esperar al grupo.

Aproximadamente después de diez o quince minutos, llegó Tony, había demorado por el problema de la llanta de su bicicleta, nos sentamos en una banca que estaba en la puerta de una bodega y nos dispusimos a esperar a los demás integrantes del equipo.

Pasó una hora y no llegaban, al cabo de unos quince minutos más llegó Miguel, nos comentó que se había desinflado nuevamente la llanta posterior de la bicicleta de Christian, por lo que continuaron la bajada acompañándolo mientras él empujaba la bicicleta hasta encontrar algún lugar en el que repararan llantas. Es ahí donde los dejó para partir a darnos el encuentro.

Continuamos esperando, la hora pasaba y la noche se acercaba, razón por la cual Tony dejó su bicicleta con nosotros y a bordo de una Combi se fue a encontrarlos.

Transcurridos aproximadamente unos 45 minutos más ya estaban de regreso, habían subido las bicicletas a un ómnibus que habría de llevarnos hasta el terminal en la Av. Habich. Llegamos ahí cuando el sol ya se había ocultado.

Brillante decisión fue la del subir al ómnibus, no solo porque la noche se nos vino encima, sino porque al descender del bus, Tony se dio cuenta que las dos llantas de su bicicleta se habían desinflado, lo que habría significado aun más demora en llegar al terminal.

Como algo anecdótico comentaré que la mayoría de gente que viajaba con nosotros en el ómnibus eran lugareños de Canta y sus zonas aledañas, nos llamó mucho la atención que viniéramos escuchando huaynos Canteños, lo que nos hizo sentir que realmente vivimos la aventura.

Huachupampa - San Pedro de Casta - Lima

Lima 18 de Mayo de 2008

Eran las cinco de la mañana cuando me desperté para ir a Huachupampa, me vestí con tres polos me puse una pantaloneta larga saqué mi bicicleta y fui a buscar a Jaime.

Cuando llegué a su casa, él ya se encontraba en la puerta, esperamos algunos minutos para ver si llegaba Rutero y como no apareció por ningún lado, decidimos iniciar el recorrido hacia el grifo de la universidad de Lima.

Era aún de noche y había bastante humedad en la atmósfera cuando llegamos al grifo.

El equipo ya nos estaba esperando, así que decidimos partir hacia Santa Anita para, desde ahí abordar la camioneta que nos llevaría hacia Chosica, la primera etapa de nuestro objetivo.

Al final nos embarcamos en varios colectivos, desarmamos las cletas, las subimos a bordo y nos dirigimos hacia el paradero de la carretera central.

Una vez llegados a nuestro destino, descendimos del vehículo, descargamos y armamos nuestras bicis e ingerimos un muy leve desayuno consistente, para mi caso, en un pan con camote y un vaso de quinua.

Luego de desayunar nos dirigimos hacia el terminal de la empresa de transportes para, desde ahí, abordar el vehículo que nos llevaría hacia el poblado de Huachupampa.

Hubieron algunos contratiempos a la hora de partir, ya que en la puerta del terminal se formó un nudo de vehículos, tal que hacía imposible nuestra salida del local. Tras esperar aproximadamente media hora emprendimos la marcha hacia nuestra primera meta.

Quizá cometí un error al sentarme en la parte delantera del vehículo, ya que durante todo el camino pude apreciar claramente los profundos abismos, las cerradas curvas y las violentas bajadas que nos esperarían en el descenso, creo que toda esta observación afectó en mi estafo de ánimo para realizar la aventura, porque una vez llegados a Huachupampa pensaba, para mis adentros, que seleccionar esa ruta había sido un error por los peligros que entrañaba.

Ya en Huachupampa recorrimos un poco el pueblo, hicimos algunas fotografías, dentro de ellas algunas con la estatua de un cóndor muy simpático que ostentaba un casco de ciclista. Luego nos fuimos a visitar la laguna (que no es más que un reservorio de agua) y desde ahí pudimos gozar de espectaculares vistas.

Una vez que regresamos de la laguna, se propuso ir a San Pedro de Casta, este es un pueblo situado, si mal no recuerdo, a unos 6 km del lugar en el que nos encontrábamos. En un primer momento y debido a la experiencia del ómnibus, me negué a participar ,encontrándome plenamente dispuesto a emprender solo el retorno hacia Lima.

Alguien comentó que, en San Pedro de Casta podríamos almorzar unas ricas truchas, lo que me hizo recordar la deliciosa trucha saltada que comí en la excursión al pueblo de Canta. Esto bastó para que cambiara de opinión y mis temores se disiparan.

¡Vámonos a San Pedro!.

Así que, sin más preámbulos, empezamos la travesía para salir de Huachupampa. Nos esperaba una subida bastante prolongada, la cual, en parte la hicimos pedaleando y parte empujando la bicicleta. Luego vino una bajada bastante pendiente. Por fin llegamos al cruce en el cual esperaríamos a Julio, ya que se le había desinflado una de las llantas de su máquina.

Lo esperamos, esperamos, y esperamos y no llegaba, así que, siendo que habíamos acordado llegar a San Pedro de Casta, emprendimos el ascenso hacia el mencionado poblado.

No sé, a ciencia cierta, cuanto tiempo demoramos en llegar, pero las tripas ya refunfuñaban por comida , subimos hacia la plaza de armas y en ese lugar encontramos un pequeño y vetusto local de expendio de alimentos, preguntamos para saber que había para almorzar nos dijeron que había sopa y estofado de pollo a sólo cuatro nuevos soles (esto ya parece propaganda de televisión).

En total pedimos 8 menúes porque Julio jamás llegó, por unos lugareños que viajaban en un camión tomamos conocimiento que el había tomado rumbo a Lima.

Cuando trajeron el almuerzo, pudimos darnos clara cuenta que, en realidad no se trataba de estofado, sino más bien de "estafado" de Pollo, ya que sin riesgo equivocarme puedo afirmar que a cada uno nos tocó aproximadamente 1/64 del ave. Sin embargo nos permitió ingerir algo caliente para así emprender el regreso hasta Chosica.

Dieron aproximadamente las cuatro de la tarde cuando decidimos salir de San Pedro de Casta, empezamos el descenso por un camino de tierra con grandes rocas incrustadas en ella, profundos abismos que parecían esperarnos con las fauces abiertas, agudas y cerradas curvas revestidas de solapados y ocultos peligros así como largas y veloces rectas de difícil tránsito y áspero terreno.

Debido al mal estado de la carretera no pudimos utilizar grandes desarrollos, nos desplazábamos a una velocidad que por momentos llegaba a los 40 km por hora pero que en la mayor parte no pasaba de los 22.

En una de las curvas cercanas Huinco me percaté que estaba descendiendo muy pegado al borde del abismo y por esa razón pretendí cruzar hacia el lado de la montaña sin percatarme que, el domo o giba, que se encuentra en el centro la carretera era de arena y sabiendo que estaba con llantas pisteras, intenté cruzar, pero las llantas patinaron y me fui al suelo. Felizmente llevaba conmigo todo mi equipo de seguridad: guantes, anteojos y casco.

Una vez que hube levantado del suelo y montado sobre mi bicicleta, me di cuenta que ésta no avanzaba. Cual no habrá sido el impacto que una de las zapatas del freno delantero se fue a meter debajo del aro y tuve que hacer algunos esfuerzos para poder zafarla y retornarla a su lugar, amén de enderezar el timón y de aceptar la fractura en la base de mi linterna. Si me cogía la noche estaría en problemas.

Una vez que hube reparado (hasta donde se podía) la bicicleta, decidí continuar con el descenso, pero al sujetar el manillar sentía como unas agujas que se clavaban en las palmas de mis manos, revisé los guantes y me di cuenta que eran espinas que se les habían incrustado.

¡Gracias a Dios llevaba puesto los guantes !

Luego de este incidente, llegamos al poblado de Huinco, ahí nos esperaba la parte del pelotón que se había adelantado. Jaime nos dio la bienvenida y nos dijo que Rutero se encontraba en la posta médica. También había rodado.

Fuimos a verlo y lo encontramos postrado en una camilla, sin camisa y con algunos parches en el cuerpo, felizmente el accidente no fue más allá de algunos raspones que un diligente médico supo limpiar y curar.

Mientras Rutero era asistido, yo conversaba con Jaime y me describió el paraje en el cual había caído nuestro amigo, al parecer se trataba, si no de la misma, de alguna otra y muy cercana curva a aquella en la que yo había mordido el polvo.

Algunos momentos después llegó el resto del pelotón, cual no sería la sorpresa al tomar conocimiento que, Panchobolas también había rodado, felizmente sin consecuencia alguna y al parecer en la misma curva.

Cuando nos disponíamos a partir y nos despedíamos del doctor, aproveché pedirle que me regalara un poco de cinta adhesiva para reparar la linterna de mi bici, ya que, como dije, ésta se había roto en la rodada que tuve.

Fue muy acertado hacer esta reparación.

La hora avanzaba e impotentes veíamos como el sol, tiñendo de rubor al cielo, se iba despidiendo del día para dar paso a la legada la Luna. Se hizo de noche y nosotros continuábamos en la trocha de tierra.

Encendimos nuestra linternas, organizamos el pelotón y continuamos bajando pero con mayor precaución y mucho menor velocidad , anunciándonos las curvas, las piedras, los huecos y, en general, las dificultades que se fueran presentando en el camino.

Aún nos encontrabamos cercanos a los 2.000 m de altura sobre el nivel del mar y debíamos continuar marchando, poco a poco nos fuimos comiendo los kilómetros que nos separaban del asfalto y la iluminación pública, hasta que llegamos por fin a Santa Eulalia.

¡Vaya fortuna!

Ya en esta zona y frente a una bodega, Jaime se percata que se le acababa de pinchar un neumático, así que nos detuvimos y mientras Jaime parchaba su llanta, nosotros bebimos algún refresco.

Al parecer tenemos a alguien quien nos cuida.

De ahí en más todo fue un raudo descenso hasta Chosica, localidad en la cual, tras regatear los precios, abordamos los transportes que nos llevarían hasta Lima.

Una experiencia de vida, realmente una vivencia tal, que se convierten un canto a la naturaleza, a la aventura y por tanto, a la propia existencia.

Las heridas cicatrizan, los golpes sanan, la bicicleta se repara, pero la gloria y el recuerdo... ¡Son para siempre!

UNA BUENA ESCAPADA


Nuestra idea al detenernos en Pachacamac fue hacer una breve escala para tomar un muy leve desayuno y continuar con rumbo al puente "Arica", nos sentamos a la mesa, pedimos, trajeron nuestra orden (medio Kilo de chicharrón con sarsa criolla ,café y pan) y empezamos a devorar con avidez, íbamos ya por la mitad del festín cuando llegaron los dos nuevos personajes a los que alude Jaime; también se sentaron con nosotros; conversamos bastante y nos dieron algunos "tips" muy interesantes.

Mientras conversábamos, uno de ellos nos preguntó hacia donde nos dirigíamos, cuál sería nuestra ruta, le dijimos que nuestro objetivo era el puente "Arica" y que desde ahí regresaríamos a Lince, fue entonces cuando, de manera "muy sutil", increpó (casi llamándonos la atención) el hecho que estuviéramos desayunando, nos dijo que el desayuno se hace cuando ya se está de regreso.

Le respondí que sí, que tenía razón y que al regreso tomaríamos desayuno.

Éste amigo tiene una bici realmente espectacular 6 kilos de alta tecnología
y excelente calidad.

Luego de haber desayunado, emprendimos (pedaleando los 6) el regreso desde Pachacamác; íbamos los dos tíos, Jaime, César, Enrique y yo, regresábamos en compacto pelotón con un leve viento cruzado desde adelante y hacia la derecha; veníamos conversando de manera amena y de lo más bien.

Era Jaime quien venía a la cabeza; de cerca (ruedeando) lo seguían los tíos, un poco a la derecha y ligeramente más atrás me encontraba yo, detrás mío venía César y luego Enrique (PPtruenos), regresábamos marcando unos 25 kilómetros por hora y paulatinamente Jaime nos fue haciendo llegar hasta unos 33.

Faltando aproximadamente un kilómetro para el grifo que se encuentra cerca a las garitas del peaje, lugar en el que nuestros ocasionales acompañantes habían dejado su automóvil y, por tanto, se constituía como el punto de llegada para ellos, de la nada, escuchamos un estentóreo grito, luego otro y otro. No era una alerta, era una voz de mando, un desesperado grito conminatorio, pura pasión desenfrenada, el tío de la bici de los 9000 dólares gritaba a su compañero
de ruta:

- ¡Pisa, Pisa, Pisa!-

Su intención se hizo evidente; querían dejarnos atrás.

Nuestra respuesta no se hizo esperar, el primero en acelerar fue Jaime y no el compañero del incitador; salió disparado como alma que lleva el diablo; me pegué a su rueda en el "demarraje" o escapada, César parecía una lapa pegado a mi bici y Pepetruenos, con su tractor... (tiene una bici más pesada que yunque de astillero) encendió el turbo; los 4 salimos como una exhalación (pese a que la ida la habíamos hecho en largos tramos arriba de los 40 Kilómetros por hora y el cansancio ya se dejaba sentir), los tíos no pudieron, simplemente… no pudieron.

A lo lejos alcanzamos a percibir un grito lastimero que se desvanecía en la distancia:
- La cagaste muerto!... la cagaste!...-